La semana pasada evocó de manera poco deseada la era de los motores GP2 con Honda para Fernando Alonso. Sin embargo, surge la incógnita: ¿tendrá también que ver el proyecto de Adrian Newey con las actuales dificultades de Aston Martin?
Para quienes no siguen de cerca las pruebas en Baréin, la última semana de Aston Martin fue una clara advertencia para la temporada que se avecina.
El motor Honda sufrió un fallo en la batería el jueves, lo que obligó al equipo a limitar su uso el viernes. El resultado fue contundente: solo seis vueltas con el AMR26 y una salida prematura, mientras sus rivales acumulaban más kilometraje.
Ante el revuelo generado por el bajo rendimiento del motor Honda, el fabricante japonés se encuentra bajo un escrutinio cada vez mayor, sobre todo con la inminente homologación de unidades de potencia para 2026.
El 1 de marzo, los cinco fabricantes deberán entregar sus expedientes de homologación a la FIA, que aprobará aquellos diseños conformes en un plazo de 14 días. Esto implica que, una vez entregado el expediente, será casi imposible efectuar cambios o mejoras sin la debida autorización. Los ingenieros de Sakura disponen de menos de una semana para solventar los inconvenientes antes de que las especificaciones queden fijas.
Si bien esta presión ha desviado algo de la atención de Newey, no se le puede eximir de responsabilidad en la crisis actual.
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Aston Martin: un diseño que sofoca al motor Honda
Durante la prueba inaugural en Baréin, desde el primer día, los problemas de Aston Martin evidenciaron que la unidad Honda y la refrigeración ineficiente del motor eran las principales limitaciones.
Se habilitaron ventilaciones adicionales y se incorporaron varias aletas en los sidepods para mejorar la disipación del calor, aunque a costa de la eficiencia aerodinámica. Sin embargo, esta solución no era exclusiva del motor Honda, sino consecuencia del chasis restrictivo del AMR26.
El concepto aerodinámico compacto de Newey, con sidepods tan juntos, limitaba la capacidad del motor para ventilarse, provocando dificultades en la refrigeración. Este sobrecalentamiento podría desencadenar fallas en el motor o dañar componentes colindantes.
Si se observa a los rivales, ninguno ha optado por la carrocería abultada característica del diseño de Newey. Lo que en Barcelona se brilló como una innovación, en las condiciones extremas y más calurosas de Baréin reveló problemas serios relacionados con la unidad de potencia.
Para evitar estas complicaciones, el diseño del coche y el motor deben concebirse como una unión inseparable: uno no puede funcionar correctamente sin que complemente al otro. Un claro ejemplo en la parrilla es que, aunque Mercedes pueda desarrollar un motor monstruoso para 2026, esto no garantiza que McLaren, Alpine o Williams consigan un paquete completo de rendimiento. La verdadera diferencia radica en la capacidad de cada equipo para diseñar un monoplaza que trabaje en perfecta sintonía con la unidad de potencia.
La desconexión entre diseño y motor ha costado a Aston Martin un valioso kilómetro en vísperas de la temporada, y el equipo tendrá que esforzarse para recuperar terreno frente a sus rivales. Aunque Honda se posiciona como el principal sospechoso de estas dificultades, es innegable que el problema también reside en un diseño que aún no se ha acertado por completo.
Con los centros de trabajo en Silverstone y Sakura empeñados en encontrar una solución antes de Melbourne, la clave estará en la colaboración, no en el esfuerzo aislado. El rompecabezas del rendimiento de Aston Martin ya no es un reto que Newey pueda solucionar por sí solo.
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